GESTO 139. Sorpréndete

La vida es mágica porque no deja de sorprendernos en cada instante. Eso es para mí su magia. Sin embargo, a medida que crecemos perdemos la capacidad de sorprendernos y cada vez es más complicado que pequeñas cosas lo hagan de la misma forma que cuando éramos niños. Por eso deja que la vida te sorprenda como a un niño.

¿Cómo puedes hacer que la vida te sorprenda?

  1. No dejes de investigar
  2. Márcate nuevas metas
  3. Mantente atento
  4. Habla con un niño
  5. Viaja y conoce otros lugares, personas, culturas,..
  6. Lee
  7. Intenta aprender algo nuevo cada día
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Acerca de pgmenchen

Responsable Comunicación Fundación Adecco
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Una respuesta a GESTO 139. Sorpréndete

  1. Anónimo dijo:

    Comparto quizás, la parte que más me gusta de un gran libro:

    “LO ÚNICO QUE NECESITAMOS PARA SER BUENOS FILÓSOFOS ES LA CAPACIDAD DE ASOMBRO. Todos los niños pequeños tienen esa capacidad. No faltaría más. Tras unos cuantos meses, salen a una realidad totalmente nueva. Pero conforme van creciendo, esa capacidad de asombro parece ir disminuyendo. ¿A qué se debe? ¿Conoce Sofía Amundsen la respuesta a esta pregunta? Veamos: si un recién nacido pudiera hablar, seguramente diría algo de ese extraño mundo al que ha llegado. Porque, aunque el niño no sabe hablar, vemos cómo señala las cosas de su alrededor y cómo intenta agarrar con curiosidad las cosas de la habitación. Cuando empieza a hablar, el niño se para y grita «guau, guau» cada vez que ve un perro. Vemos cómo da saltos en su cochecito, agitando los brazos y gritando «guau, guau, guau, guau». Los que ya tenemos algunos años a lo mejor nos sentimos un poco agobiados por el entusiasmo del niño. «Sí, sí, es un guau, guau», decimos, muy conocedores del mundo, «tienes que estarte quietecito en el coche». No sentimos el mismo entusiasmo. Hemos visto perros antes. Quizás se repita este episodio de gran entusiasmo unas doscientas veces, antes de que el niño pueda ver pasar un perro sin perder los estribos. O un elefante o un hipopótamo. Pero antes de que el niño haya aprendido a hablar bien, y mucho antes de que aprenda a pensar filosóficamente, el mundo se ha convertido para él en algo habitual.”

    El mundo de Sofía, Jostein Gaarder

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